Es el 2024 el año para decidir el futuro de México
Este 2024 será decisivo para el futuro de México. La cuestión es qué hicimos o qué dejamos de hacer para llegar a este punto.

Semidios
El ganso se volvió juez impoluto, su autoridad supera fronteras, se aferrará al poder
Miguel A. Rocha Valencia
Transformado en mesías, juez que todo o sabe y juzga por el bien del pueblo –cualquiera que sea-, el ganso de Macuspana podría dictaminar que las elecciones de este y el año próximo son “espurias”, plagadas de corrupción y aferrarse a la silla del poder. Ese es el Plan A, por si no lo habían adivinado.
En ese contexto, el auténtico Plan B, sería entregar la silla presidencial a un o una incondicional que le cubra las espaldas y despliegue sobre él un manto de impunidad nacional e internacional para no pagar sus culpas y ser juzgado no por el tribunal de la historia, sino por algún otro del fuero común, federal o internacional. De ese tamaño son las cuentas y facturas que acumula.
Sus acciones lo delatan y así como hoy se niega a entregar la presidencia pro témpore de la Alianza del Pacífico a la mandataria de Perú Dina Boluarte por considerar que su encargo es “espurio” y al mismo tiempo calificar de injerencista al gobierno de Perú por opinar respecto a procesos legales en México, así como asesorar a los “golpistas peruanos”, bien podría decidir dese su trono de reyezuelo que las elecciones de este y el próximo año están plagadas de corrupción y por eso, no entregaría el poder.
Obsesionado precisamente por el poder, la chachalaca de Macuspana impondrá desde su pedestal de barro todos los argumentos legales, extrajudiciales y los que se le ocurran para descalificar unas elecciones cuyos resultados no sean los que a él le apetecen y le permitan abierta o soterradamente seguir mangoneando el poder, sobre todo el presupuesto público no en bien del “pueblo bueno”, sino como está comprobado, cumplir sus caprichos y venganzas.
Califica desde ese mismo púlpito cuatrotero de injerencista a cualquiera que se atreve a contradecirlo internacionalmente, hasta a la ONU es acusada de sólo servir a intereses de los ricos, no servir para nada y desafía a la OEA a la cual desconoce, pero a cambio justifica y se solidariza con regímenes autoritarios como ocurrió recientemente con Daniel Ortega, el dictador de Nicaragua, o les entrega corcholatazos y dinero como al cubano Miguel Díaz Canel y aplaude a sujetos de su misma catadura como el venezolano Nicolás Maduro, émulo de la “pléyade” de autócratas que han desfilado por ese país hundido en la desgracia.
O tal vez quisiera ser al menos la caricatura bananera de un Vladimir Putin a la latino, aunque su estatura resulte enana. Y si acaso apenas llegue a caricatura. Pero se sueña realizando grandes proezas aunque sean de fotomontaje.
Todo eso no es no en injerencia como tampoco es acusar a la embajadora de Estados Unidos en Perú de ser la principal instigadora de golpe de estado en ese país andino, pero a cambio justifica el pisoteo de libertades, de derechos humanos, constituciones y leyes secundarias de parte de autócratas que se aferran por años al poder sin que medien elecciones limpias y democráticas.
A eso lo apuesta el caudillo de Tepetitán no sólo a someter como aquéllos, las “normas” e instituciones a su ley sino incluso recurrir a lo más vil, al enfrentamiento de los mexicanos para salirse con la suya quedarse con el poder por él o terceras personas.
Está visto que, con sus reformas, el machuchón de Palacio no pretende unas elecciones legítimas sino por cualquier vía, no soltar lo que significa la silla presidencial, emular a Maduro, Ortega o Díaz Canel Bermúdez, rechazando llamados de sus pares latinoamericanos de izquierda como el chileno Gabriel Boric, a quien en otros tiempos “juntara” y hoy al igual que al argentino Alberto Fernández, ignora por “atreverse” a criticar dictaduras y apoyar decisiones de la OEA.
Se embalentona ante la prudencia del presidente Joe Biden, se atreve a calificar en una clara injerencia no sólo al gobierno del país más poderoso del mundo de nuestro vecino sino también a regañar a los legisladores estadounidenses que toman nota no sólo de la crisis de seguridad en México y trasciende la frontera norte, sino también del discurso y acciones que evidentemente quieren llevar a México a una dictadura, a la imposición de un régimen dictatorial, alejado de procesos democráticos, de la legitimidad que da la observancia de la Ley y sus instituciones.
No lo dudemos con Plan B o sin él, el tlatoani olmeca va a deslegitimar las próximas elecciones, intentará asumirse como sumo sacerdote e imponer su voluntad, aunque eso lleve a la confrontación entre mexicanos. NO le importan los muertos como ya lo demostró con la pandemia con sobre fallecimiento de 750 mil y la masacre que vive el país con cerca de 147 mil asesinatos.
¡Cuidado!
Este 2024 será decisivo para el futuro de México. La cuestión es qué hicimos o qué dejamos de hacer para llegar a este punto.
Con la compra de 13 plantas de Iberdrola queda claro que todas las acusaciones de corrupción en torno a la empresa fueron falsas y sólo se usaron para una feroz persecución que al fin rindió frutos con el retiro de la compañía generadora de energía limpia y con ello, la salida del país de millonaria inversión privada y la cancelación de otras muchas.
Ron DeSantis, quiere ser presidente de los Estados Unidos y si en el camino tiene que pasar por el mismo Donald Trump para ser el candidato republicano y enfrentarse en noviembre del 2024 al demócrata Joe Biden, no habrá duda.
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