Hugo como metáfora de los Rivera

25 octubre, 2026 • By Adalberto Villasana Miranda
El vuelo de Hugo Sánchez empezó en la Ciudad Universitaria, entre mosaicos y piruetas. Foto: @PumasMX
El vuelo de Hugo Sánchez empezó en la Ciudad Universitaria, entre mosaicos y piruetas. Foto: @PumasMX

Por David Martínez

Se dice que a día de hoy vivimos en un mundo de imágenes, de significados que hay que sacar del pozo. En ese sentido, al ver Estadio Olímpico Universitario de la Ciudad Universitaria de la UNAM, con su concreto, sus tribunas de planta circular, su pebetero como platillo volador, está el debate sobre si un estadio —de todos los lugares posibles— merecía convertirse en obra de arte monumental. No es una decisión que se tomó a la ligera. A principios de los años cincuenta, Diego Rivera decidió que era una pregunta interesante para alguien como él. Diego Rivera, el gran tótem del muralismo mexicano.

Sobre la fachada número dos del estadio, Rivera desplegó su visión más integradora: murales ejecutados en mosaico de piedras de colores incrustadas en el concreto, inspirados en las técnicas de los pueblos indígenas mexicanos, de los huicholes principalmente. Ahí está el relieve de la fecha azteca del eclipse de 8 de abril de 1496, ahí está la serpiente emplumada que devora a otra, ahí está, sobre todo, la frase que lo explica todo: El pueblo a la universidad, la universidad al pueblo.

Curiosa frase de un recinto que tiene como uso, ante todo, el deporte.  Pero hay que entender una cosa, Rivera perseguía romper la separación artificial entre el arte y la vida cotidiana. El muralismo nunca fue decoración: era una apuesta por construir identidad colectiva, por hacer que el mexicano encontrara su historia y su grandeza reflejadas en las paredes de edificios públicos. Como esas viejas catedrales, donde la gente aprendía el evangelio de tanto mirar las vitrinas. La universidad pública, gratuita, laica, fue en ese proyecto mucho más que una escuela: fue el puente entre las raíces del pueblo y el conocimiento moderno -atómico, sobre todo- que ese pueblo merecía heredar.

Pero si miramos fijamente, si observamos el significado de ese estadio, de esas piedras y esos murales, veremos a un delantero menudo, formado íntegramente en las fuerzas básicas de los Pumas de la UNAM, empezaba a rematar de chilena bajo la sombra de aquella águila monumental. Se cumplen, por estas fechas, cincuenta años de su debut. El pueblo a la universidad, dice el mural, y en muchos sentidos, Hugo Sánchez Márquez es la materialización de ese ideal. Un muchacho salido de un barrio de la Ciudad de México, que llegó a la máxima casa de estudios —donde incluso cursó estudios y defendió orgullosamente su condición de universitario— y que luego llevó el nombre de aquella institución al mundo entero. Cuando Hugo hacía el festejo de su gol con la voltereta, no celebraba solo un tanto: celebraba, quizá sin saberlo del todo, la imagen Rivera había plasmado en piedra décadas atrás: esa serpiente, en círculos, que parece dar vueltas sobre si misma. El pueblo —un niño de colonia popular con talento infinito— entró a la universidad, y la universidad —con sus colores azul y oro, con su grandeza académica— le dio al pueblo a cambio un ídolo universal. ¿Algo más, señor Rivera?

Es cierto que Hugo se hizo leyenda en Madrid, en el Bernabéu, cosechando Pichichis y ligas. Pero quienes lo vieron nacer saben que su vuelo empezó en la Ciudad Universitaria, entre mosaicos y piruetas. El paralelismo es demasiado hermoso para ignorarlo: Rivera quiso capturar movimiento eterno en materiales eternos, y Hugo convirtió el movimiento efímero del cuerpo humano —la chilena, ese gesto de un segundo, en el Señor Gol— en algo tan perdurable como cualquier fresco. Una imagen, díganselo a Lavolpe, que se sobrepone a otra.

El pueblo a la universidad, dice el mural, y en muchos sentidos, Hugo Sánchez Márquez es la materialización de ese ideal. Foto UNAM.
El pueblo a la universidad, dice el mural, y en muchos sentidos, Hugo Sánchez Márquez es la materialización de ese ideal. Foto UNAM.

La diferencia, claro, es de tiempo. El mural vive mientras viva el muro. El gol muere al instante y sobrevive solo en la memoria. Que ambos convivan en el mismo recinto —el arte inmóvil y el deporte fugaz, la piedra y el músculo, el mosaico y la chilena— es precisamente lo que hace de ese estadio un lugar único en el mundo. Patrimonio Cultural de la Humanidad, le dicen.

Hoy, ante los embates del pragmatismo, el Estadio Olímpico Universitario nos recuerda algo que parece obvio pero que olvidamos con frecuencia: los espacios públicos también son arte. Cada arquitectura enseña. Rivera entendió que, si el pueblo iba a acudir masivamente a un lugar, ese lugar tenía la obligación de ver algo digno, algo que lo elevara en vez de únicamente entretenerlo. Y si, ese algo es la pirueta de Hugo, su chilena.

Hugo Sánchez es la mejor metáfora de aquello que plasmó Rivera: la convicción de que el talento del pueblo, cuando se le abren las puertas de verdad, alcanza alturas que ninguna pantalla ni ningún muro puede contener.

El pueblo a la universidad. La universidad al pueblo. Y a veces, con permiso de don Diego, también al arco rival.

Hugo se hizo leyenda en Madrid, en el Bernabéu, cosechando Pichichis y ligas. Fotos: @hugosanchez_9
Hugo se hizo leyenda en Madrid, en el Bernabéu, cosechando Pichichis y ligas. Fotos: @hugosanchez_9

***

Muchos años después, en el 2017, el Real Madrid jugaba en Milán la final de la Copa de Europa. En el aeropuerto, un hombre de mediana edad, se acerca a una mesa donde están Hugo Sánchez, José Ramón Fernández y David Faitelson. Lleva puesta una chamara blanca, con el escudo del Real Madrid. Después de saludar y disculparse por interrumpir, dirigiéndose a Hugo, dice:

– Muchas gracias por hacer feliz al niño que fui.

Hugo sonríe, mira levemente a José Ramón, y responde:

– Lo sé.

El hombre se aleja, cabizbajo. Le cuenta lo que acaba de vivir al Dr. Enrique González Casanova, otro universitario y madridista de caché.

– Bueno, si tu fueras Hugo Sánchez, también dirías que lo sabes. No te hagas. Y entonces, claro, sonríe.

Hugo Sánchez empezó con Pumas UNAM en la Ciudad Universitaria, entre mosaicos y piruetas. Foto: @hugosanchez_9
Hugo Sánchez empezó con Pumas UNAM en la Ciudad Universitaria, entre mosaicos y piruetas. Foto: @hugosanchez_9

Categorias: Deportes 

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