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“Si queremos tener una industria espacial mexicana en 10, 15 o 20 años, tenemos que empezar a formar vocaciones desde ahora”. Flor Dinora Clemente Cuervo
Por Marco Antonio Villasana
La Dra. Flor Dinora Clemente Cuervo es una divulgadora científica potosina, reconocida por su trabajo con estudiantes en prácticas de hidrocohetes y proyectos educativos vinculados con la exploración espacial, ha representado a México en foros internacionales como el Space Exploration Educators Conference (SEEC) en el Centro Espacial Houston, donde ha impartido talleres sobre hidrocohetes y cápsulas espaciales.
Su desarrollo educativo y profesional es impresionante, es profesora y divulgadora científica en San Luis Potosí. Miembro del colectivo ChipOhm, dedicado a la enseñanza de ciencia y tecnología. Comandante de la Misión Solidaridad, un proyecto educativo respaldado por el Space Center Houston que busca despertar vocaciones STEM en México y América Latina.
Entre muchas de las actividades que realiza destacan: Prácticas de hidrocohetes con estudiantes, los hidrocohetes se utilizan como herramienta pedagógica para enseñar física, mecánica, geometría y dinámica.
En talleres internacionales, ella y su equipo han replicado a escala el cohete SLS de la NASA, mostrando cómo funciona un sistema de lanzamiento espacial.
Ha impartido talleres en inglés y español en el SEEC Space Exploration Educators Conference, (Houston, 2023).
Planea a futuro nuevos proyectos educativos sobre la cápsula Orión de la misión Artemis, incluyendo prácticas con paracaídas y telemetría de hidrocohetes; busca capacitar docentes y estudiantes en temas aeroespaciales y organiza el Congreso de Educadores de Exploración Espacial, ofreciendo formación gratuita en ciencias y tecnología.
La importancia de su labor es que sus talleres en San Luis Potosí, acercan a jóvenes a la ciencia espacial, mostrando que la investigación aeroespacial no es exclusiva de potencias mundiales.
Marco Antonio Villasana 1. Aunque se dice que sí existe investigación espacial en México y que el actual gobierno la contempla, en junio de 2026 se publicó oficialmente el Programa Espacial Mexicano 2026–2030. ¿Cuál es tu opinión al respecto?
Flor Dinora Clemente. Yo creo que es una muy buena noticia que México vuelva a poner el tema espacial sobre la mesa y que exista un programa nacional con objetivos concretos. El Programa Espacial Mexicano 2026-2030 plantea temas importantes como infraestructura satelital, observación de la Tierra, conectividad y, algo que para mí es fundamental, la formación de talento mexicano para el futuro espacial.
Pero creo también que un programa de esta naturaleza no puede quedarse únicamente en satélites o infraestructura. El verdadero reto está en formar a las personas que van a diseñar, construir, operar y aprovechar toda esa tecnología.
Se tienen muchos años trabajando precisamente en esa parte: acercar el espacio a los niños, jóvenes y maestros. Porque si queremos tener una industria espacial mexicana en 10, 15 o 20 años, tenemos que empezar a formar vocaciones desde ahora.
México tiene talento. Lo que necesitamos es darle continuidad, oportunidades y proyectos reales.
Y algo que me parece muy importante es que no debemos pensar que la exploración espacial es sólo para quienes viven en la Ciudad de México o para quienes pueden irse a estudiar al extranjero, desde San Luis Potosí también podemos participar.
M.A.V. 2. ¿Estás satisfecha con tu desarrollo profesional? ¿En lugar de brindarte apoyos, te han cerrado el camino o puesto obstáculos para el desarrollo de tu actividad?¿Cuáles han sido tus logros y cuáles son tus próximas metas?
F.D.C.C. Sí estoy satisfecha con mi desarrollo profesional, aunque ha sido un camino con muchos retos.
Yo estudié Física y posteriormente hice una Maestría en Ciencias Aplicadas, pero mi verdadera escuela ha sido trabajar durante décadas con niños, jóvenes y maestros. He aprendido que la ciencia no sólo se enseña en un laboratorio; también se puede enseñar construyendo un hidrocohete, mirando por un telescopio o tratando de resolver un problema que parece imposible.
Uno de mis mayores logros es haber construido, junto con mi equipo, un proyecto de divulgación científica que ha llegado a cientos de miles de estudiantes y docentes. Y otro muy importante ha sido llevar el trabajo de San Luis Potosí a escenarios internacionales.
En 2023, por ejemplo, participamos como instructores en el “Space Exploration Educators Conference del Space Center Houston”, “Conferencia de Educadores en Exploración Espacial del Centro Espacial Houston”, impartiendo talleres de hidrocohetes en español e inglés para docentes de diferentes lugares del mundo.
También recibí el reconocimiento del Premio Potosino de Ciencia, Tecnología e Innovación 2024 por mi trayectoria de casi 30 años en divulgación científica, algo que para mí tiene un significado muy especial porque viene de mi propio estado.
¿Obstáculos? Claro que los ha habido. Muchas veces el problema no es que alguien te diga directamente “no puedes”, sino que simplemente no existen los recursos, los espacios o la continuidad que un proyecto necesita.
Muchas cosas las hemos tenido que sacar adelante prácticamente con nuestros propios medios.
Pero también he encontrado personas e instituciones que sí han creído en el proyecto, y eso es lo que te permite seguir.
Nuestra siguiente meta es mucho más grande: crear una red de educación espacial que conecte a estudiantes, maestros, universidades, empresas y organismos internacionales, para que los jóvenes mexicanos no sólo sueñen con trabajar en el sector espacial, sino que tengan un camino para llegar ahí.

M.A.V. 3. En tu experiencia como docente, ¿has conocido niños o jóvenes mexicanos que aspiren a estudiar una carrera relacionada con el espacio o convertirse en astronautas como Rodolfo Neri Vela, José Hernández Moreno y Katya Echazarreta, primera mujer mexicana en el espacio. Neri Vela y Echazarreta nacieron en México, mientras que Hernández nació en EE.UU. de padres migrantes michoacanos. Todos realizaron sus estudios superiores en universidades extranjeras (Reino Unido y EE.UU.), aunque Neri Vela inició en la UNAM. La capacitación como astronautas se dio en centros especializados: NASA (Houston) y Blue Origin.
F.D.C.C. Muchísimo, y algo que me encanta es que cuando empiezas a trabajar con ellos, te das cuenta de que muchas veces el sueño ya estaba ahí, solamente necesitaban que alguien les dijera: “Sí puedes”.
He tenido estudiantes que quieren ser astronautas, otros quieren diseñar cohetes, algunos quieren trabajar con satélites, robótica, astronomía, física, programación o medicina espacial.
Hay algo también muy interesante, no todos tienen que convertirse en astronautas. La industria espacial necesita físicos, ingenieros, médicos, biólogos, programadores, especialistas en materiales, electrónica, comunicaciones, matemáticas, inteligencia artificial, manufactura, también contadores, abogados y muchísimas áreas más.
Por eso se trabaja en cambiar un poco la idea de que “trabajar en el espacio” significa únicamente ser astronauta, ya que para llegar al espacio se necesita un equipo de cientos de personas de diferentes especialidades del conocimiento y mucho capital económico.
M.A.V. 4. En San Luis Potosí ya operan empresas vinculadas con la industria aeroespacial. ¿Realmente impulsan la transferencia de conocimiento y la formación de talento? ¿Hay alguna carrera de ingeniería espacial en las universidades potosinas?
F.D.C.C. Sí existe una oportunidad muy importante, por ejemplo, IMPRO México, es una empresa global de manufactura avanzada instalada en el Parque Industrial WTC II de San Luis Potosí. Produce componentes de alta precisión para las industrias automotriz, aeroespacial, médica y de energía, y recientemente expandió sus instalaciones en más de 26 hectáreas, consolidándose como uno de los pilares industriales del estado, tiene en San Luis Potosí un campus con procesos de fundición y maquinado de alta precisión y componentes destinados, entre otros sectores, al aeroespacial. La empresa comenzó su producción en San Luis Potosí y desarrolló plantas específicamente relacionadas con componentes aeroespaciales.
Eso es importante porque significa que nuestros jóvenes pueden encontrar aquí una parte de la cadena de valor aeroespacial sin necesariamente tener que irse del estado.
Pero aquí tenemos un reto: la empresa por sí sola no genera transferencia de conocimiento. Para que realmente ocurra, tiene que existir una conexión fuerte entre empresa, universidad, gobierno y estudiantes.
En cuanto a carreras, San Luis Potosí tiene una infraestructura académica muy importante en Física, Ingeniería, Mecatrónica, Electrónica, Biomédica, Geomática y otras áreas que pueden llevar al sector espacial.
La UASLP, Universidad Autónoma de San Luis Potosí, por ejemplo, tiene antecedentes muy importantes de investigación y formación relacionada con el sector aeroespacial y mantiene vínculos con proyectos espaciales. Incluso recientemente recibió al doctor Juan Alberto Guevara Jaramillo, aspirante a cosmonauta científico, dentro de las actividades del proyecto Cabo Tuna.
Lo que todavía necesitamos fortalecer es una ruta académica claramente identificada hacia la ingeniería aeroespacial y espacial, particularmente desde el nivel de licenciatura.
No necesariamente tenemos que inventar todo desde cero. Podemos aprovechar las capacidades que ya existen y conectarlas.
M.A.V. 5. Ya tienes años experimentando con tus alumnos la fabricación de hidrocohetes. ¿Cuál ha sido el resultado?
F.D.C.C. El resultado ha sido extraordinario.
El hidrocohete parece un juguete hasta que empiezas a trabajar con él. Entonces aparecen la física, las matemáticas, la presión, la aerodinámica, el centro de masa, el centro de presión, el diseño, la experimentación y hasta la programación, y lo más importante: el alumno deja de ser espectador y se convierte en protagonista.
No les digo sólo cómo funciona un cohete, ellos tienen que diseñarlo, construirlo, probarlo, equivocarse, modificarlo y volverlo a lanzar.
Eso cambia completamente la relación que tienen con la ciencia.
Además, los hidrocohetes son una herramienta muy democrática porque no necesitas un laboratorio multimillonario para comenzar. Con materiales relativamente sencillos puedes crear una experiencia científica muy poderosa.
Incluso hemos llevado esta metodología al ámbito internacional. En SEEC, Space Exploration Educators, Conference, Conferencia de Educadores en Exploración Espacial, en Houston presentamos talleres de hidrocohetes, en español e inglés, para que otros docentes pudieran llevarlos a sus propias aulas, en más de veinte países.
Para mí, ese es uno de los grandes resultados: que un maestro aprenda algo y después lo replique con cientos de alumnos en sus lugares de trabajo.
M.A.V. 6. ¿Has recibido críticas a tu labor como docente o divulgadora, o por el contrario te han ofrecido apoyo? ¿Lo que haces lo financias tú misma?
F.D.C.C. Las críticas siempre existen y creo que son parte de cualquier proyecto que intenta hacer algo diferente.
Pero las críticas no son lo que más recuerdo. Yo recuerdo más a las personas que me han dicho: “Maestra, gracias porque mi hijo ahora quiere estudiar Física”, o “Gracias porque mi alumno descubrió que sí podía hacer esto”.
En cuanto al apoyo, ha habido de todo. Hemos tenido colaboraciones importantes con instituciones y organismos nacionales e internacionales. Chip-Ohm incluso ha trabajado mediante un acuerdo con la OEA, Organización de los Estados Americanos, dentro de la Red Interamericana de Educación Docente.
Pero también es verdad que una buena parte del trabajo de divulgación científica en México se sostiene con muchísimo esfuerzo de quienes estamos detrás de los proyectos.
Muchas veces tienes que conseguir los materiales, buscar los espacios, conseguir transporte, preparar los talleres y resolver los problemas prácticamente sobre la marcha.
Yo siempre digo que la divulgación científica requiere pasión, pero también requiere estructura y recursos. No podemos depender únicamente de la buena voluntad de los divulgadores.
M.A.V. 7. ¿Cómo te ha recibido la comunidad científica extranjera? ¿Le ha interesado tu labor y experiencia?
F.D.C.C. Ha sido una experiencia muy positiva. Una de las cosas que más me ha sorprendido es descubrir que en otros países existen maestros con exactamente las mismas preguntas que tenemos nosotros: ¿cómo hacemos para que los estudiantes se interesen por la ciencia?, ¿cómo llevamos el espacio al aula?, ¿cómo hacemos experimentos con pocos recursos?
En SEEC, Space Exploration Educators, Conference, Conferencia de Educadores en Exploración Espacial, en Houston en Houston, tuve la oportunidad de convivir y trabajar con educadores de diferentes países y presentar el trabajo que hacemos desde San Luis Potosí. Lo que fue muy importante para mí porque te das cuenta de que México no sólo tiene que ir a aprender; también tiene cosas que enseñar.
Cuando llevamos un taller desarrollado aquí y un maestro de otro país te dice “esto lo voy hacer con mis alumnos”, ahí sabes que el proyecto funciona.
Además, actualmente mi nombre aparece entre los participantes de la Space Exploration Educators, Conference, Conferencia de Educadores en Exploración Espacial, en Houston, donde se me identifica como M.C.A. y Licenciada en Física de Chip-Ohm S.C.
Eso para mí representa mucho más que un reconocimiento personal: representa a San Luis Potosí.
M.A:V. 8. Eres profesional, investigadora y docente, pero también ama de casa y madre. ¿Cómo te las arreglas para asumir tantas obligaciones?
F.D.C.C. Con mucha organización y también con mucho desorden organizado. (Risas). En su momento así fue, hoy en día mis hijos ya están terminando la universidad así que eso me permite que yo pueda hacer más cosas
La realidad es que no existe una fórmula mágica.
Hay momentos en los que tienes que ser maestra, directora, administradora, divulgadora, organizadora de eventos y, cuando llegas a casa, simplemente ser mamá, y una muchas veces quisieras tener días de 48 horas.
Pero también creo que mi familia ha sido parte de este camino. Cuando tus hijos crecen viendo que estás trabajando por algo que te apasiona, también aprenden que vale la pena luchar por lo que uno cree.
He tenido que aprender a priorizar. No todo puede hacerse al mismo tiempo y no todo tiene que ser perfecto.
Algo que he aprendido después de tantos años es que no hay que esperar a tener las condiciones ideales para comenzar.
Si esperáramos a tener todo perfecto, probablemente nunca hubiéramos lanzado el primer hidrocohete.
M.A.V. 9. Me comentaste que cerraron o cancelaron un organismo que estudiaba o apoyaba la investigación científica espacial en San Luis Potosí y que querías lanzar un globo para captar información y finalmente no fue posible.
F.D.C.C. Aquí creo que vale la pena hacer una precisión histórica. México sí tuvo un organismo nacional muy importante, la Comisión Nacional del Espacio Exterior (CONEE), creada en 1962 y desaparecida en 1977. Durante ese periodo se desarrollaron proyectos como los cohetes Mitl y se impulsó la experimentación espacial.
San Luis Potosí tiene también una historia espacial muy importante alrededor del proyecto Cabo Tuna, que se desarrolló en la UASLP y que forma parte de la historia de la experimentación espacial mexicana.
En los últimos años también hemos visto cambios importantes en la Agencia Espacial Mexicana (AEM). En 2025, sus atribuciones fueron integradas a la nueva estructura de la Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones, junto con el Sistema Satelital Mexicano, como parte de una reorganización de la política espacial del país. Para mí, lo importante no es sólo cómo se llame o dónde la institución administrativamente se encuentre, sino que México mantenga una política espacial con continuidad, presupuesto, formación de talento y proyectos propios. Tenemos capacidades científicas, universidades, empresas y jóvenes con muchísimo potencial; lo que necesitamos es articularlos y darles continuidad para que México no sólo sea consumidor de tecnología espacial, sino también desarrollador de conocimiento y soluciones propias. El Programa Espacial Mexicano 2026-2030 representa una oportunidad importante para avanzar en esa dirección.
En cuanto al proyecto del globo, sí hemos tenido la intención de desarrollar experiencias de este tipo. Para mí, lo importante es que un proyecto que no se concreta no significa necesariamente que haya fracasado.
En ciencia hay proyectos que se quedan detenidos por presupuesto, permisos, infraestructura o falta de continuidad. Lo importante es documentarlos y retomarlos cuando existan las condiciones.
Eso es precisamente lo que necesitamos cambiar en México: que los proyectos científicos no mueran cuando cambia una administración o cuando se termina un financiamiento. La ciencia necesita continuidad.
M.A.V. 10. Si tuvieras la posibilidad de proponer ideas y que tu voz fuera escuchada, ¿qué propondrías para el desarrollo de la investigación espacial en México?
F.D.C.C. Yo propondría cinco cosas fundamentales.
Primero: formar talento desde edades tempranas.
No podemos esperar a que un joven llegue a la universidad para decirle que existe una industria espacial, tenemos que comenzar desde primaria y secundaria.
Segundo: crear una verdadera ruta de formación espacial.
Que un estudiante pueda pasar de un taller de astronomía a un proyecto, después a una competencia, posteriormente a una universidad y finalmente a una empresa o centro de investigación.
Tercero: conectar universidades con empresas.
Si tenemos empresas que fabrican componentes de alta precisión en México y tenemos estudiantes con talento, tenemos que hacer que esos dos mundos se encuentren.
Cuarto: apoyar los proyectos educativos y científicos que ya existen.
No todo tiene que comenzar desde cero. En México hay investigadores, maestros, universidades, grupos estudiantiles y divulgadores que llevamos años haciendo cosas extraordinarias.
Y quinto, algo que para mí es fundamental: crear proyectos mexicanos que puedan participar en proyectos internacionales.
No tenemos que competir solos contra Estados Unidos, Europa o China, podemos colaborar.
El espacio es probablemente uno de los mejores ejemplos de que la ciencia no tiene fronteras.
Y yo agregaría una sexta: llevar el espacio fuera de las grandes ciudades.
Porque hay niños en San Luis Potosí, en la Huasteca, en comunidades rurales y en muchos otros lugares de México que tienen exactamente el mismo potencial que un niño de una gran ciudad. Lo que cambia son las oportunidades que reciben.
Colofón
M.A.V. Me comentaste que tu padre era un estudioso de la astrología. ¿De alguna manera esto influyó en ti para acercarte a este campo del conocimiento desde otra perspectiva, la astronomía?
F.D.C.C. Sí, definitivamente tuvo una influencia, aunque yo tomé un camino diferente.
Desde pequeña tuve contacto con temas relacionados con el cielo y con la curiosidad por saber ¿qué había allá arriba? Mi padre tenía interés por la astrología y eso generó en mí preguntas. Con el tiempo, yo encontré mi propio camino a través de la Física, la divulgación y la astronomía, y ahí aprendí algo muy importante: una cosa es preguntarnos qué significa el cielo para nosotros y otra muy diferente es estudiar científicamente qué ocurre en el universo.
La astrología fue parte de mi entorno familiar, pero la física y la astronomía se convirtieron en mi forma de buscar respuestas.
Quizá por eso me gusta tanto la divulgación científica: porque creo que muchas veces la ciencia comienza con una pregunta sencilla. Cuando un niño levanta la mirada y pregunta “¿qué hay allá arriba?”, ahí comienza todo.
Después de más de 30 años dedicada a la divulgación, sigo pensando que esa capacidad de sorprendernos es una de las cosas más valiosas que podemos conservar.
Porque finalmente eso es lo que hacemos en Chip-Ohm: tomar una pregunta, convertirla en una experiencia y, si tenemos suerte, convertir esa experiencia en una vocación.
Carl Sagan: “En algún lugar, algo increíble espera ser descubierto.”

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