22 junio, 2026•By Adalberto Villasana Miranda
Abanico, por Ivette Estrada.
Abanico
Las siete lecciones de liderazgo que nos regala un Mundial de Fútbol.
Por Ivette Estrada
El fútbol es un espejo del poder
En la cancha se revelan los gestos, silencios, decisiones y símbolos que definen a los liderazgos contemporáneos. Un Mundial no solo exhibe talento deportivo: desnuda la psicología del mando.
Estas son siete lecciones que trascienden el estadio y se trasladan a cualquier organización.
1. El poder de la percepción. En política, en empresas y en la cancha, la ausencia se interpreta como vacío de poder.
Cuando un líder “desaparece” —por austeridad mal entendida, miedo al rechazo o simple desconexión— deja una silla vacía que se convierte en símbolo de fragilidad.
El liderazgo no solo se ejerce: se encarna. Y la percepción es más contundente que cualquier discurso
2. Presencia emocional
Los equipos leen a sus líderes como un barómetro. Un director técnico que no celebra, sonríe o muestra apoyo, genera incertidumbre y desconfianza.
La crítica constante paraliza. La cercanía, en cambio, despierta capacidades dormidas.
En las empresas ocurre lo mismo: un jefe emocionalmente ausente es un freno; uno presente es un catalizador.
3. Rituales que cohesionan
Los himnos, las formaciones, los saludos protocolarios… En el futbol, las formas son fondo.
Los rituales crean identidad, pertenencia y propósito compartido.
En las organizaciones, los rituales —reuniones significativas, reconocimientos, códigos de conducta, ceremonias internas— son la arquitectura invisible que sostiene la cultura.
4. Actitud como estrategia,
Un tiro libre no se ejecuta solo con técnica: requiere programación mental.
“Voy a acertar” es una declaración de poder interno.
Los líderes que entrenan su actitud construyen victorias antes de que ocurran. La mente es el primer campo de juego.
5. Autoconcepto: la narrativa que te sostiene. No es lo que eres: es lo que los demás ven en ti.
El autoconcepto determina la manera en que un líder se comunica, se posiciona y relaciona con sus públicos.
La imagen pública —coherente, estratégica, emocional— puede ser más poderosa que la verdad misma.
El liderazgo es, en gran medida, una narrativa bien construida.
6. Celebración como brújula.
Los grandes equipos no solo celebran goles. También avances, esfuerzos, microvictorias.
La celebración define dónde se coloca la atención.
Un líder que reconoce impulsa. Uno que ignora, apaga.
Celebrar es una forma de dirigir.
7. Objetivos y narrativas claras.
Un Mundial no se gana solo con goles. También con una narrativa de propósito.
Los equipos que saben quiénes son y hacia dónde van avanzan con consistencia. En las organizaciones, los objetivos claros no son listas: son brújulas. No se trata de una copa, sino de la historia de ser los mejores.
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