6 abril, 2026•By Adalberto Villasana Miranda
TEXTUALes por J. Adalberto Villasana.
Qué hicimos, o qué, dejamos de hacer como sociedad para que las nuevas generaciones se encuentren en está encrucijada de soledad, ansiedad, depresión y desesperación.
Salud mental en México: crisis silenciosa
Por J. Adalberto Villasana
Vemos sólo la punta del iceberg del delicado estado en que se encuentra la salud mental en México, principalmente entre niñas, niños, adolescentes y jóvenes. El homicidio de dos maestras en Michoacán, el de un estudiante del CCH Sur de la UNAM a manos de un compañero, señalan, puntualmente, un problema que hay que atender.
Qué hicimos, o qué, dejamos de hacer como sociedad para que las nuevas generaciones se encuentren en está encrucijada de soledad, ansiedad, depresión y desesperación.
Expuestos a la “necesidad” de satisfactores artificiales y la urgencia de aceptación social, los deja vulnerables.
El 10% de los adolescentes de 12 a 17 años presentó malestar psicológico en los últimos 12 meses. La prevalencia de este problema de salud mental es mayor entre las mujeres jóvenes (13.2%) que en los hombres (6.9%), de acuerdo con la Encuesta de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco (Encodat) 2025.
Y, en 2023, la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Ensanut) detectó que 7% de los adolescentes de 10 a 19 años tenían síntomas depresivos.
Hay que reconocer que la salud mental en México enfrenta una crisis silenciosa. Actualmente, aproximadamente el 30% de la población sufre algún trastorno, son la depresión y ansiedad los más comunes. Recordemos que la pandemia aumentó un 25% estos casos, los cuales se enfocan gravemente a jóvenes y niños.
Ahora, persisten retos como el estigma social, la falta de presupuesto y la escasez de profesionales, por lo que el 80% de los afectados está sin atención.
Se estimaron más de 18 millones de personas con trastornos mentales en 2021.
El panorama se complica porque México cuenta con menos de 0.4 psiquiatras y 1.5 psicólogos por cada 100,000 habitantes, muy por debajo de las recomendaciones internacionales.
Otro indicador del problema se dio en octubre del 2025, con el informe “La salud mental de la Generación Z en México” de UNICEF, el cual muestra a una juventud empoderada, pero sobrecargada por crisis globales, noticias constantes y estigma social. Aunque las y los jóvenes mexicanos son más optimistas que sus pares en otros países, más del 70% se sienten abrumados y más del 50% ha necesitado ayuda psicológica.
Violencia extrema en escuelas nace del acoso cotidiano
El doctor Hugo Alberto Yam del Departamento de Psicología de la Universidad Iberoamericana (IBERO) apunta que, la violencia psicológica —como burlas, humillaciones y aislamiento— es mucho más frecuente en las escuelas que los ataques extremos y puede escalar si no se detecta y atiende a tiempo.
En relación al asesinato de dos profesoras por parte de un estudiante de secundaria en Michoacán llamó a no centrar la discusión únicamente en episodios extremos, sino en las formas de violencia más comunes que ocurren todos los días dentro de las escuelas.
Advirtió que los ataques letales, aunque impactantes, son poco frecuentes en comparación con la violencia psicológica cotidiana, que suele pasar desapercibida y normalizarse: “La forma más común no es la violencia extrema, sino la violencia psicológica: burlas, humillaciones y apodos ofensivos son mucho más frecuentes que las agresiones físicas”.
Indicó que se estima que alrededor de 6 de cada 10 estudiantes han sido objeto de burlas o comentarios para ridiculizarlos, según la Comisión Nacional para la Mejora Continua de la Educación. En contraste, la violencia física escolar afecta a 2 de cada 1,000 niñas, niños y adolescentes, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2021.
Esto, explicó Yam, muestra que el problema más extendido es la violencia psicológica, la cual puede escalar si no se detecta a tiempo: “Estamos hablando de una violencia cotidiana que suele normalizarse, y que puede escalar si no se detecta a tiempo”.
Aunque los ataques extremos siguen siendo estadísticamente poco frecuentes, el académico reconoció que sí existe un incremento relativo de la violencia en entornos escolares. Datos de la Secretaría de Salud muestran que el número de menores atendidos en hospitales por violencia física escolar se duplicó entre 2010 y 2024.
El especialista también explicó que la percepción de aumento de violencia se ve influida por la rapidez con la que circula la información y la cobertura mediática.
Actualmente, señaló, los casos se difunden más rápido, tienen mayor alcance y, en algunos casos, los agresores buscan reconocimiento o se inspiran en otros eventos, lo que puede generar un llamado “efecto contagio”.
Sin embargo, aclaró que la exposición mediática por sí sola no provoca conductas violentas, sino que estas responden a una combinación compleja de factores personales, familiares, escolares y sociales.
En el contexto del debate abierto tras el caso de Michoacán, el académico también descartó que endurecer penas o juzgar a menores como adultos sea una solución efectiva.
“La evidencia muestra de manera consistente que el endurecimiento de las penas no reduce la incidencia de conductas violentas en adolescentes”, señaló Yam.
Este posicionamiento coincide con otros análisis realizados desde la Universidad Iberoamericana, que han advertido que aumentar castigos no reduce la violencia entre jóvenes y que es necesario atender las causas estructurales, la salud mental y los factores de riesgo.
El anuncio del Gobierno federal de una estrategia nacional de salud mental para estudiantes, tras el caso de Michoacán, fue considerado positivo por el especialista, aunque subrayó que estas acciones deben diseñarse con enfoque preventivo.
De este caso en la preparatoria Anton Makarenko, del municipio de Lázaro Cárdenas, Michoacán, la Presidenta Claudia Sheinbaum anunció un programa de salud mental en secundarias y preparatorias.
Así que, son necesarias acciones como protocolos reales de prevención en escuelas, sistemas de alerta temprana, equipos interdisciplinarios, presencia de profesionales de salud mental, participación de estudiantes y familias
“La violencia es sistémica, no se debe a un solo factor, y por eso su prevención debe abordarse desde distintos frentes”, apuntó el doctor Hugo Alberto Yam.
Textualmente hay que decirlo: la prevención no debe recaer únicamente en las escuelas, sino que debe involucrar a todas las esferas sociales. Debemos responder al cuestionamiento ¿Qué hicimos o dejamos de hacer como sociedad? Para que nuestras nuevas generaciones se encuentren en esta situación. En este tema se debe involucrar la familia, profesores y autoridades escolares, así como los tres niveles de gobierno.
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