23 abril, 2026•By Adalberto Villasana Miranda
Miguel Ángel Rocha. Yo campesino.
Yo Campesino
Farsantes
Dicen en 4T que para la derecha, los derechos son mercancías ¿Y los pobres?
Miguel A. Rocha Valencia
Parece que para ser “progresista” hay que ser de izquierda, presumir de proletario y vivir del poder además de ratero, corrupto y propiciar la socialización de la miseria, ser conformista y aceptar a pie juntillas (mediante una corta feria) lo que el apologista de la democracia o demagogo le dicte.
Además, de acuerdo con el evangelio de los “progresistas” mexicanos que buscan todo menos el progreso del pueblo sino su domesticación y sometimiento conformista, los de derecha hacen de los derechos una mercancía, aunque don Pedro Sánchez, el presidente español no especificó a quien se les vende, ni de qué prerrogativas se trata, pero el de izquierda utiliza a los pobres como mercancía electoral, como estrategia política explotando sus carencias en una lucha social donde sólo el profeta y su élite ganan.
Porque en eso hay contradicciones, ya que lo primero que se encuentra en un régimen “progresista” como ocurre o se pretende que suceda en México, es precisamente conculcar los derechos, algunos de ellos adquiridos que pueden ser buenos o malos, pero al fin y al cabo derechos como los laborales donde el oficialismo ya se metió porque dicen que no son parejos.
Y cómo van a ser parejos si no todos desempeñan la misma actividad y aunque sean universales, contractuales como los “logros sindicales” que además, resultan irrenunciables como los salarios y las pensiones que en aras de un falso sentido de la justicia o austeridad son criticados y motivo de escándalo por sus excesos.
Pero no se tocan ni con una foja de averiguación previa o “carpeta de investigación” a esos que critican la paja en el ojo ajeno, pero se burlan y hasta presumen la viga en el propio como si en el oficialismo tuvieran una competencia férrea por saber quién roba más o al menos quien lo hace de manera más cínica a sabiendas de que gozarán de impunidad en todos los casos.
Incluso si existieran evidencias palpables de esa podredumbre como ocurre en muchos casos, los “progresistas” exigirían a quien la exhibe, las denuncias correspondientes, como si fueran periodistas o ciudadanos comunes los responsables de perseguir los delitos o como si no existieran instituciones como fiscalías o secretarías con membretes de anticorrupción para investigar y castigar.
Progresistas son esos que se dicen estar contra los imperialismos, las imposiciones y antidemocráticos, pero es justo ahí donde se concentran las dictaduras que inhiben y combaten las libertades y los derechos que son ganados con la lucha en las calles o los congresos y que hoy, se borran desde el poder, incluyendo los de estar informados.
Para eso los “progresistas” destruyen instituciones que en su momento se consideraron democráticas porque surgieron del consenso de congresos donde las minorías fueron escuchadas, esas que, al sumarse y hacerse mayorías, tiraron todo lo que se hizo para dar marcha atrás y al asumir el poder desoír a quienes les abrieron las puertas en procesos democráticos.
Hablan de élites, de mafias en el poder, corrupción, trampas y parecieran estar reflejándose en el espejo humeante de Tezcatlipoca reflejando en su “alma” lo mismo que son sin disfrazarlo, pero con el antecedente de ambicionar el poder para ejercerlo sin límites de ninguna índole, incluso para desquitarse de quienes lo detentaron, como si en una mala copia del destino manifiesto, estuvieran predestinados a alcanzar el un gobierno supremo y absoluto para servirse de él y usarlo contra todo aquél que se atreva a disputárselo.
Se dicen dueños de un evangelio que se afirma ideología que descansa en la voluntad del pueblo donde el tlatoani se transfigura y se asume a sí mismo como eso, el pueblo y toma decisiones en su nombre y si se equivoca no tiene porqué disculparse ni enmendar sus yerros pues es la voy populi la que actúa. Es Dios quien lo manda.
Así son, así se explican y ejercen un poder omnímodo total, sin contrapesos, como buenos “progresistas” que en cuyo lenguaje no cabe la discrepancia al mesías en turno ni mucho menos la disidencia de los que no son del culto y se les asume como desiguales, contrarios y hasta enemigos.
Esos son los de la 4T, rateros e ineptos disfrazados de ideólogos trasnochados de ideas históricamente fracasadas y que costaron pobreza, hambre y muerte para millones de los gobernados mientras ellos, se revolcaron en sus propias heces de corrupción cobijados por la impunidad hasta que…
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