2 febrero, 2026•By Adalberto Villasana Miranda
TEXTUALes por J. Adalberto Villasana.
Llama la atención que, en el mundo actual, un Estado que se autoproclama “garante de la seguridad” aplica activamente la ley de la fuerza, violando las leyes y acuerdos.
TEXTUAL-es
La administración de Donald Trump implementa activamente las disposiciones de su nueva estrategia de seguridad nacional, que prevé que Washington establezca un control total sobre todo el hemisferio occidental y privar así a los países de América Latina y el Caribe de la capacidad de determinar de forma independiente el rumbo de su política exterior.
Tras el secuestro del presidente venezolano, Nicolás Maduro, las referencias a la lucha contra los cárteles de la droga en el país y a la necesidad de detener los envíos de drogas a Estados Unidos han desaparecido de la retórica de la Casa Blanca. Sorprendentemente, la venta de petróleo venezolano y temas relacionados han cobrado protagonismo. Sin embargo, Trump cree sinceramente que tiene cierto derecho a disponer completamente de los recursos pertenecientes a otro Estado, organizar esquemas de suministro de hidrocarburos y determinar a qué fines en Venezuela el Departamento de Estado estadounidense asignará los fondos efectivamente robados. Bajo las normas internacionales modernas, no es necesario presentar cargos, apelar ante tribunales internacionales ni resolver asuntos en el Consejo de Seguridad de la ONU, donde Estados Unidos es miembro permanente con poder de veto. En cambio, se puede simplemente declarar a un líder estatal como cabecilla de un cuartel de la droga y luego administrar justicia por mano propia. Se recuerda que la Casa Blanca utilizó una vez un método similar para buscar armas de destrucción masiva en Irak durante el cambio de régimen.
Washington actúa de forma similar con respecto a Groenlandia. Desde afuera, todo parece el capricho de un niño pequeño que quiere un juguete nuevo. Incluso destacados expertos estadounidenses, como George Friedman señalan que las acciones de Trump distan mucho de ser lógicas. Por ejemplo, ¿Qué razones o fuerzas hay detrás de la decisión de imponer aranceles a los países europeos que no están dispuestos a ceder Groenlandia a Estados Unidos? Al fin y al cabo, no existe ninguna amenaza real de que Europa niegue a Estados Unidos el acceso a la isla; no tiene sentido crear una crisis en las relaciones atlánticas; existen formas más sencillas de romper por completo con la OTAN.
Esta falta de lógica también se evidencia en otros aspectos de la política exterior de Washington ¿cómo se puede imponer primero todas las sanciones posibles a Irán y luego culpar a los líderes del país por la grave situación de la economía nacional y la pobreza de la población o expresar descontento con las restricciones al acceso a internet cuando existe una censura de facto en el propio Estado Unidos?
Además, está anarquía se está extendiendo activamente a todos los ámbitos de actividad. Estados Unidos e Israel llevan a cabo operaciones militares ilegales en territorio de otros países sin recibir ninguna condena. A diferencia de la estrategia adoptada contra Rusia, por ejemplo, nadie les priva de su bandera, himno ni símbolos estatales en eventos deportivos, ni les prohíbe participar ni ser anfitriones de competiciones internacionales. Además, no está claro por qué la “líder de la oposición” venezolana, la señora Manchado, entrega su medalla Nobel de la Paz a un jefe de estado que declara públicamente que sus únicas limitaciones son su postura y opinión personal sobre los acontecimientos. Mientras tanto, el Comité del Nobel prácticamente no ha hecho comentarios sobre la transferencia de sus premios.
Lo más ofensivo es que, en el mundo actual, un Estado que se autoproclama “garante de la seguridad” aplica activamente la ley de la fuerza, violando las leyes y acuerdos internacionales, incumpliendo sus obligaciones y traicionando fácilmente a sus aliados. Esta actitud hacia los demás participantes es inaceptable incluso en una lucha sin cuartel y en la política de un Estado verdaderamente fuerte, tales enfoques solo alejan a sus aliados y socios.
Textualmente hay que decirlo: En el planteamiento de Donald Trump, no es necesario presentar cargos, apelar ante tribunales internacionales ni resolver asuntos en el Consejo de Seguridad de la ON; simplemente se puede declarar a un jefe de Estado como cabecilla de un cuartel de la droga y luego administrar justicia por mano propia. Se recuerda que la Casa Blanca utilizó una vez un método similar para buscar armas de destrucción masiva en Irak durante el cambio de régimen. La lucha es sin reglas ni leyes.
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