Análisis para transformar sistema judicial: Alanís
A iniciativa del jurisconsulto Domingo Alanís se impulsa un encuentro para visibilizar la construcción de un sistema judicial más justo e incluyente.

Ciudad de México, a 20 de marzo de 2025. – Los pericos, los loros y las guacamayas (psitácidos) son aves silvestres, no son mascotas ni animales de compañía. Sin embargo, su habilidad para repetir palabras, su simpatía y belleza han convertido a este grupo de aves en el más afectado por el tráfico ilegal de especies en nuestro país.
La presión por tener a alguna de estas aves como animal de compañía ha mermado dramáticamente sus poblaciones a lo largo de las pasadas tres décadas. Las 22 especies de loros, pericos y guacamayas que se distribuyen en México, pertenecientes a la familia Psittacidae, están en riesgo, de ahí que están protegidas por las leyes mexicanas y está prohibida su captura ilegal.
El Artículo 60 Bis2 de la Ley General de Vida Silvestre prohíbe el aprovechamiento extractivo de ejemplares de guacamayas, loros y pericos cuya distribución natural sea en México. Estas especies no pueden ser sujetas de aprovechamiento extractivo con fines de subsistencia o comercial. La Semarnat solo puede dar autorizaciones de aprovechamiento extractivo con fines de conservación o investigación y solo a instituciones académicas acreditadas.
Si bien con esta prohibición disminuyó el comercio ilegal, se estima que actualmente la captura ilícita de psitácidos se sitúa entre 34,000 y 41,500 ejemplares por año. La tasa de mortalidad es muy alta: 7 de cada 10 ejemplares muere antes de llegar a su destino final.
A esto se agrega que estas aves nacen desprovistas de plumas, requieren cuidado parental durante tres meses o más para que les alimenten, y después pasan un largo periodo en «guarderías» con otros ejemplares jóvenes. Capturarlos compromete seriamente su probabilidad de sobrevivir.
De marzo a mayo se dispara el comercio ilegal de pericos, loros y guacamayas, pues es la época de anidación de la mayoría de estas aves.
La vida en cautiverio
En estas condiciones las aves experimentan diversas alteraciones, entre ellas: shock (por la captura), separación prematura (por la captura y por la cría en cautividad), trauma social (múltiples hogares, separación de compañeros), aislamiento y encierro, alojamiento con individuos incompatibles o en proximidad a predadores. Por todo esto sufren depresión, anorexia, autolesiones (se quitan las plumas). A eso se agrega la mala alimentación, los nulos estándares de higiene y la falta de atención médica, pese a que son susceptibles a padecer problemas respiratorios.
Otro problema que enfrentan algunos psitácidos es la decoloración o el teñido de las plumas, lo que les provoca daños en el crecimiento de la pluma, ulceras por quemaduras, intoxicaciones, problemas respiratorios y ceguera.
Por todas estas razones, la Profepa hace un llamado a no ser cómplices del tráfico ilegal de especies, a no ser cómplices de la extinción.
Sin demanda se acaba la extracción ilegal.
#TuCasaNoEsSuCasa

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