6 agosto, 2024•By Adalberto Villasana Miranda
Miguel Ángel Rocha. Yo campesino.
Yo Campesino
Sin marcha atrás
A pesar de señales negativas, dice corcholata que seguirá ruta del ganso
Miguel A. Rocha Valencia
Está claro que para los cuatroteros lo menos importante somos los mexicanos, el país, lo sustancial es implantar un sistema político-económico que cuadre con sus ambiciones de poder unívoco, tiránico con un pueblo dependiente y subyugado.
Y si para la próxima presidenta el que no haya retrocesos es seguir la huella del ganso, entonces preparémonos para algo peor de lo vivido en el actual sexenio donde como dice en su comentario don Paco Rodríguez, AMLO nos robó el futuro.
Y es que coincidentemente con las señales de crisis económica internacionales, se suman las expectativas negativas del quehacer doméstico donde los ojos de los empresarios nacionales y extranjeros, están puestos en la piedra angular de las inversiones: certeza jurídica, la cual está cuestionada ante los cambios constitucionales que planean aprobar los lacayos disfrazados de legisladores morenistas en alianza con sus rémoras del PT y del partido Verde.
Para colmo la señora que ganó las elecciones “haiga sido como haiga sido”, advierte que no habrá traiciones y delante de su master confirma que seguirá sus huellas sin traiciones ni cambios. Solo le faltó decir sin quietar puntos ni comas, con lo cual millones de mexicanos perdemos la esperanza de alguna mejora en todo el quehacer nacional donde hemos retrocedido.
Los números no mienten, estamos peor que con los corruptos neoliberales a esos que el mesías tropical dijo que les comprobaría sus corruptelas y metería a la cárcel y terminó asociándose con ellos o imitándolos de una manera burda y grotesca permitiendo que toda su familia se convirtiera en un cártel delincuencial a la sombra del poder presidencial.
Son los actuales, días de muchas expectativas negativas donde no se puede culpar de los brincos financieros a una administración ignorante, pero al mismo tiempo culpable del incremento en la pobreza laboral que ahoga a millones de mexicanos quienes a pesar de tener chamba no les alcanza para la canasta básica.
Todo ello derivado de la carestía, de la inflación que cobró carta de naturalización “gracias” a los demagógicos aumentos salariales y la dispersión de billones de dinero gratis que inundaron la demanda y que a pesar de dizque pactos con empresarios, no contuvieron en los hechos la incapacidad del pueblo agradecido para adquirir lo necesario para comer, vestir y atender a la salud.
Hoy somos más pobres que antes, tal vez no a niveles de subsistencia, pero sí en el bienestar y las capacidades para desarrollarnos y crecer. Un pírrico (ahora sí) uno por ciento sexenal que refleja la falacia de una economía basada en el crédito y en el reparto de dinero para comprar agradecimiento popular, de votos para mantenerse en el poder.
De ahí que el proyecto de la 4T se explica no como el deseo de superar niveles de bienestar sino para socializar la pobreza, igualarnos no para arriba sino para abajo o a la medianía. Aquí como lo ha dicho el caudillo macuspano, no se vale soñar, aspirar a mejorar sino a vivir de la limosna, en los límites de la pobreza. Por eso su crítica y odio a las clases medias, a los aspiracionistas.
Por eso parece no importar lo que viene, las advertencias de que un cambio en el marco jurídico, ya de por sí cuestionado incluso por instituciones internacionales como Moody’s o Bank of America, podrá acarrearnos problemas financieros para apoyar el crecimiento del país. Da la impresión que eso es lo que se quiere.
Para los morenos parece que la medianía es eso, vivir medianamente, sin más aspiraciones. Crecer y desarrollarse, para qué si eso no es útil para consolidad el régimen autoritario que se busca.
Y ni modo, eso quiso la mayoría de los mexicanos con su voto y su abstención y deberemos asumir las consecuencias. Ya estamos advertidos, sin cambios en la conducción del país, no obstante, las advertencias de los personeros empresariales quienes señalan la incertidumbre que hay en torno al país por los cambios que se avecinan.
La seguridad de que eso cambios han de llegar en lo legal, provocará modificaciones en lo económico y si hoy nos preocupamos de un peso que empieza tomar su piso real, mañana podríamos preocuparnos por una devaluación que haga polvo nuestros ingresos.
Cuidado, lo que viene se ve muy peligroso para el pueblo, pero magnífico para los lacayos del profeta.
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