17 agosto, 2026•By Adalberto Villasana Miranda
Miguel Ángel Rocha. Yo campesino.
Yo Campesino
4T Delirante…
A las listas sigue el deseo popular de castigar a periodistas
Miguel A. Rocha Valencia
No cabe duda que la 4T es una víctima inocente de una runfla de rufianes que se dicen periodistas y de medios que obedecen todos ellos, a una conjura de alcances internacionales que tiene como fin acabar con los logros del cártel de la transformación y si es posible, borrarlos del mapa con los millones de agentes embozados y dirigidos por fines “inconfesables” en esa gran trama anticuatrotera.
Pero la verdad, además de reclamar por no estar incluido en la lista de rufiancetes, de que Impar no esté en el rol de medios conspiracionistas y tener qué aguantar la voz de pito de la consejera presidencial es que si la 4T o el oficialismo tiene un enemigo, es él mismo pues es quien se asocia con el crimen, el que impone un manto de impunidad sobre todos los delincuentazos que se alimentan del presupuesto y participan de la corrupción institucional que alcanza hasta la misma presidencia de la República.
Y ahora para cerrar el cuadro y que en el sermón mañanero se justifique la existencia de ese rol de medios, periodistas y “comentócratas” como un ejercicio de análisis de la comunicación surge de la nada una encuesta donde el 85 por ciento de la ciudadanía, “el pueblo” está de acuerdo en que se castigue a los “tundemáquinas” que mientan.
Y como ya se sabe que quien ejerce la presidencia de este país se declaró como encarnación del pueblo, sobre todo el “bueno y agradecido”, no dudemos que al hacer eco de la vox populi, aplique no sólo los señalamientos que de suyo son nazistas, sino también los castigos que se merezcan esos mentirosos de los medios de comunicación.
Claro la excepción a todo es el propio púlpito palaciego porque ahí no se lanzan infundios, no se acusa a nadie sin pruebas ni se le señala a pesar de que en la perversidad de unas listas “macartistas” se les aplique la purga correspondiente.
Pero de entrada la genial consejera de la vocecilla insoportable pica chueco pues se olvida que tras o antes de los renombrados periodistas, analistas y leedores de los “grandes medios”, especialmente electrónicos y escritos, estamos un ejército de periodistas profesionales que leemos vamos al origen de la información y la publicamos junto con nuestros comentarios en las redes sociales, esas que se han vuelto malditas para la 4T.
Porque si la señora de la melena alborotada viera más allá de su nariz (Parece que por Berkley pasó de noche) encontraría con que somos cientos o miles de periodistas, muchos de ellos de los de “antes” que no recibimos paga por ejercer nuestra profesión y que tecleamos en base a los números, esas cifras que tratan de acallar porque reflejan la corrupción de un gobierno que miente, roba y asesina (ahí están los marinos y el Rey del Huachicol). Es compromiso, no negocio.
Ese ejército que piensa y que a la mejor pocos leen pero con uno o dos a quien se comunique el mensaje es suficiente; periodistas que no pertenecemos a ninguna trama a quienes nadie nos dice qué escribir y a los que no nos podrían llegar al precio del silencio pues fuimos curtidos en el periodismo de trinchera, de ese que busca, incomoda, denuncia, analiza y exhibe al poder en sus miserias y la 4T tiene muchas empezando por sus dirigentes.
Las listas por otro lado siempre han existido, para bien o para mal porque desde el poder se ha distinguido a quienes están con él, a los que lo critican y a los opositores. Pero el periodismo siempre ha sido crítico y si no lo es tampoco es periodismo sino un ejercicio de comunicación que puede ser de varias o una sola vía como la quieren ahora.
Siempre han existido medios y “periodistas” o comunicadores consentidos, los que son voceros del oficialismo como también los críticos que por fortuna hoy son más aunque se trate de ahogarlos de las diversas formas que tienen los gobiernos, ya sea mediante la restricción de publicidad como ya lo dijeron en Palacio, o la amenaza y la persecución.
México ha vivido episodios de esos afanes hechos públicos como el de José López Portillo y su “no pago para que me peguen” y otros donde han surgido publirrelacionistas que “planchaban” las diferencias de medios o periodistas con los gobiernos algunas veces con éxito y otras no, donde el dinero y favores se hacían presentes y se aceptaban o no como apoyos publicitarios.
Lo nuevo ahora es la estridencia, la ofensa, la ausencia de operadores políticos con los medios, ignorancia, medianía o de plano soberbia, pero nunca como hoy se exhibió públicamente a medios y periodistas o comunicadores como blancos de quienes desde el poder los consideran enemigos y deben ser perseguidos y castigados como dicen en Palacio que lo ordena el pueblo.
Por lo pronto, que me apunten en la lista, no sean discriminatorios, no porque nos vean pequeños nos van a dejar afuera. Ya perdieron.
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