25 mayo, 2026•By Adalberto Villasana Miranda
Miguel Ángel Rocha. Yo campesino.
Yo Campesino
Cada vez peor
Presumen pírrica mejora en Índice de Paz, pero omiten caída en gobernabilidad
Miguel A. Rocha Valencia
Acostumbrados a las mentiras o medias verdades del oficialismo, muchos de plano dejamos de creer el evangelio de todas las mañanas y preferimos buscar los datos que nos revelan una realidad irrefutable: México está cada vez peor a pesar del esfuerzo sistemático de la demagogia oficial por cambiar el panorama incluso con datos reales, pero parciales.
Ahora resulta que, de acuerdo con la 4T, México avanzó 5.1 por ciento en Índice de Paz en lo que va del año, asegurando que eso se debe a la disminución de la violencia, captura de criminales y erradicación de la corrupción.
Claro, aquí se mezclan indicadores como el de la corrupción, que nada tiene que ver con el índice de paz, ya que, en ese fenómeno, que se volvió distintivo de la 4T, retrocedimos, de acuerdo con los estudios internacionales, en casi cinco posiciones; incluso en las percepciones del Inegi, de cada 10 mexicanos siete consideran que la administración pública está podrida.
El mismo organismo, en su encuesta sobre percepción de inseguridad, deja en claro que 6.8 por ciento de los mexicanos no se sienten a buen resguardo en sus ciudades o comunidades, donde el miedo continúa. Ejemplo claro de ello es el estado de Morelos, donde cada vez más personas son objeto de extorsión, ya no sólo para ejercer alguna actividad económica, sino por vivir ahí.
Las recientes capturas de funcionarios en 12 municipios de la entidad revelan la complicidad de autoridades con el crimen organizado o ellas mismas se identifican como organismos delincuenciales, especialmente en extorsión y secuestro.
Ni hablar de lo que sucede en Sinaloa, Guerrero, Estado de México, Sonora, Puebla, Veracruz, Oaxaca, Tabasco, Tamaulipas y en la mayoría de las carreteras federales y autopistas del país, donde viajar resulta una aventura en el día y un desafío por las noches.
Y si se es bueno para ponderar el análisis positivo de organismos internacionales como el Institute for Economics and Peace, habrá que aceptar también el del World Justice Project (WJP), el cual afirma que México volvió a retroceder en el índice de Estado de Derecho al ubicarse en el lugar 125 de 140 países encuestados. En los últimos tres años, nuestro país retrocedió 14 escaños.
El tema con este último índice, de acuerdo con el jurista Diego Valadéz, es que el Estado de derecho refleja el nivel de gobernabilidad de un país, donde México pierde cada vez más y seguramente perderá nivel cuando se incorporen los temas de Sinaloa, las evidencias de narcogobierno, las desobediencias de mandatarios morenistas a líneas de Palacio Nacional y otros factores hasta completar ocho “dimensiones”.
Entre ellas se evalúa si en el país estudiado hay límites al poder gubernamental, existen contrapesos efectivos y si el gobierno rinde cuentas. Ausencia de corrupción, donde se mide la percepción de sobornos y malversación en el sistema judicial y policial.
Analiza si el gobierno es abierto y existe un real acceso a la información pública y transparencia gubernamental. Otra “dimensión” observa derechos fundamentales, el nivel de respeto a libertades básicas como la expresión, privacidad y derecho a la salud.
También observa el orden y la seguridad con sus niveles de criminalidad y seguridad pública, además del cumplimiento regulatorio con la eficacia de normas administrativas y laborales. Se mide la accesibilidad, imparcialidad, cero discriminación en tribunales civiles y, por último, en justicia penal checa la eficiencia, independencia y respeto al debido proceso en el sistema penal.
Pero más allá de esos sesudos análisis, la ingobernabilidad se refleja en niveles de violencia que generan pérdidas económicas que, de acuerdo con el mismo Índice de Paz realizado por el Instituto para la Economía y la Paz, el impacto financiero de la violencia fue de 4.9 billones de pesos o 243 mil millones de dólares, es decir, 20.8 por ciento del PIB. Claro, hay otra versión, más creíble, la cual dice que el daño fue de “sólo” 243 mil millones de pesos.
Como sea, eso es mucho dinero ya que, de acuerdo con el análisis, representa siete veces más que lo invertido por el gobierno en salud y seis veces más que en educación y ni qué decir del gasto que cada vez es menor en obra pública. Entonces, si vamos a aceptar, sin conceder, que en el índice de paz mejoramos, habremos de reconocer como ciertos los demás análisis realizados por instituciones internacionales y nacionales, y no sólo aquéllos que convengan a la dialéctica demagógica de la 4T. Si no, mejor ni presumir.
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