6 abril, 2026•By Adalberto Villasana Miranda
Palabras Más / Arturo Suárez Ramírez / @arturosuarez
Palabras Más
¡SRE para Ebrard!
Creo que la verdad está bien en las matemáticas,
en la química, en la filosofía. No en la vida.
En la vida es más importante la ilusión,
la imaginación, el deseo, la esperanza.
Ernesto Sábato
Arturo Suárez Ramírez
El prestigio del ahora excanciller, Juan Ramón de la Fuente, se lo ganó a pulso cuando fue rector de la UNAM, de 1999 a 2007. Fueron dos periodos de cuatro años que le permitieron conducir a la máxima casa de estudios durante el gobierno de Ernesto Zedillo, pasando por el supuesto cambio de Vicente Fox y luego el inicio de Felipe Calderón, con aquella polémica elección. En 2012 sonó fuerte su nombre para que encabezara una coalición, pero siempre se hizo a un lado, dándole su lugar a Andrés Manuel López Obrador.
Cuando el Pejelagarto llegó a Palacio Nacional, lo nombró representante permanente de México ante las Naciones Unidas; luego, coordinador de los Diálogos por la Transformación y, al final, titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores. Hasta la semana pasada, cuando, por motivos de salud —eso dijo—, dejó el cargo para ceder su lugar al nuevo canciller, Roberto Velasco.
El trabajo de Juan Ramón de la Fuente siempre entregó los resultados que sus jefes, López Obrador y Sheinbaum, le pidieron. Eso no significa que fuera lo mejor para el país, ni que se asumiera una posición firme. Se trató, principalmente, de esconderse ante las embestidas del gobierno de Estados Unidos y su presidente; de buscar las mejores relaciones con los regímenes con los que se identifica la 4T, como Venezuela y Cuba. Siempre quedó a deber y, en muchas ocasiones, estuvo ausente, más allá de la enfermedad. Juan Ramón, poco a poco, fue opacando aquella pericia con la que se mostró para conducir a la UNAM cuando esta llegó a los primeros lugares.
En la diplomacia mexicana, como en muchas otras áreas de los gobiernos y la política, los relevos suelen venderse como golpes de timón, aunque en realidad sean simples cambios de rostro para sostener inercias, y es el caso de la SRE. La salida de Juan Ramón de la Fuente de la Cancillería y la llegada de Roberto Velasco no parecen romper esa lógica. Incluso se podría decir que, después de Marcelo Ebrard —quien dejó a varios de los suyos en posiciones clave—, se confirma.
Por aquellos años en que Juan Ramón de la Fuente era rector, yo colaboraba en un programa en Radio Capital, un esfuerzo de varios periodistas. Ahí llegaba un joven, siempre bien vestido y de discurso bien elaborado: se trataba de Roberto Velasco, que hacía sus pininos en la comunicación y ya estaba metido en Convergencia, antecedente de Movimiento Ciudadano, el partido de Dante Delgado, por donde también se refugió Marcelo Ebrard. No se le podía negar, en aquellos años, que era muy bueno para los discursos, sobre todo porque eran oposición y habían apoyado a López Obrador.
Velasco apareció en redes de forma viral porque comió una botanita de cacahuates en una reunión del más alto nivel con funcionarios estadounidenses en 2019, con Nancy Pelosi en la mesa. Los ataques en redes no cesan; ahí quedan los que atacan de manera homofóbica y no por su trabajo.
En las dos administraciones de la 4T ha ocupado cargos en la SRE; ha trabajado al lado de Marcelo Ebrard. Ahora deberá mostrarse, porque los pendientes se han acumulado: la relación con Estados Unidos, navegando entre tensiones migratorias; la ausencia de liderazgo en América Latina, y una política multilateral que, lejos de posicionar a México, lo diluyó. Nada de eso es menor.
En medio de este relevo, la polémica con la ONU por el tema de los desaparecidos volvió a exhibir las costuras del discurso oficial y la descalificación como salida fácil. Las observaciones de organismos internacionales no son nuevas, pero sí cada vez más contundentes, al grado de llevar el tema a cortes internacionales. Ahí está la crisis que vivimos, y no se resuelve con matices diplomáticos ni con respuestas evasivas.
Todos los miembros del gobierno y de Morena respaldan a Claudia y al nuevo canciller; no podría ser de otra manera. Velasco llega en un momento en el que no hay margen para la curva de aprendizaje y en el tablero partidista, avanza el equipo de Ebrard. Suerte para Roberto Velasco.
Entre palabras
Por cierto, de la titular de la CNDH ni hablamos: esa ya tomó partido y está del lado de sus patrones… pero mejor ahí la dejamos.
Escríbeme tus comentarios al correo suartu@gmail.com y sígueme en la cuenta de Instagram en @arturosuarez_. Hasta la próxima.
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